Comercio internacional de armas
Actualmente circulan en el mundo alrededor de 875 millones de armas convencionales, producidas en 98 países por más de 1.135 empresas. Se estima que más de 500.000 civiles mueren cada año como consecuencia del uso indebido de armas: una persona por minuto.
Problema
Las armas son un medio que facilita la perpetuación de los más diversos tipos de delitos y violaciones de derechos humanos, desde crímenes contra poblaciones enteras hasta crímenes de género como la violación. El problema de las armas no se limita a las zonas de conflicto. Estudios muestran que dos de cada tres personas muertas por armas de fuego provienen de regiones en paz.
Hasta 2013, no existía un tratado global que regulara el comercio internacional de armas. Las transferencias de armas podían realizarse libremente hacia Estados y/o actores no estatales involucrados en violaciones de derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario. La ausencia de una amplia regulación del comercio de armas convencionales facilita que estas lleguen a manos de criminales.
campanha
Control Arms (Controle de Armas) fue creada en 2003 con el objetivo de promover y apoyar la creación de un tratado internacional de regulación del comercio de armas. Es una coalición compuesta por 100 grupos y organizaciones presentes en diversos países.
Control Arms lideró el movimiento global para la creación del Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), adoptado en 2013, mediante incidencia política, investigación, análisis de políticas, movilización popular internacional y trabajo con los medios de comunicación, colaborando con más de 300 organizaciones aliadas en todas las regiones del mundo. Uno de los mensajes emblemáticos de la campaña fue que, en el mundo, el comercio de bananas está más regulado que el de armas, llamando la atención sobre la falta de control.
En 2011 se creó la Secretaría de Control Arms, que pasó a representar a sectores de la sociedad civil en las conferencias diplomáticas sobre el tema. Actualmente, el trabajo se centra en los esfuerzos de universalización del TCA y en la implementación de las obligaciones establecidas.
tratado
El Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) fue adoptado en 2013 y entró en vigor en diciembre de 2014. Regula el comercio internacional de armas convencionales, es decir: tanques de batalla, vehículos blindados de combate, sistemas de artillería de gran calibre, aviones de combate, helicópteros de ataque, buques de guerra, misiles y lanzamisiles, armas pequeñas y armamento ligero.
El TCA prohíbe las transferencias de armas a países donde exista un riesgo sustancial de que sean utilizadas para genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y/o graves violaciones de derechos humanos. Además, el TCA establece orientaciones para los países importadores de armas y alienta a los Estados Parte a cooperar en el intercambio de información necesaria para la realización de la evaluación de riesgos de las transferencias.
De este modo, el TCA introduce una noción de responsabilidad de los Estados en sus transferencias internacionales de armas, buscando evitar que las armas caigan en manos equivocadas o sean desviadas hacia el mercado negro. Consulta aquí los Estados Parte del TCA.
¿Y Brasil?
Brasil es Estado Parte del Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) desde 2018, tras ratificarlo en septiembre de ese año. La posición brasileña en el TCA se ha basado en la defensa del control responsable de las transferencias internacionales de armamentos, con el objetivo de evitar que estas armas sean utilizadas para violaciones de derechos humanos, crímenes de guerra o terrorismo. En foros internacionales, Brasil suele reforzar la importancia de la transparencia, la cooperación internacional y la implementación efectiva de las obligaciones del tratado por todos los Estados Parte, incluso mediante mecanismos de asistencia técnica y capacitación para países con menor capacidad institucional.
A pesar de su adhesión al tratado, Brasil también expresa preocupaciones sobre posibles desequilibrios en la aplicación del TCA, especialmente en relación con el uso de criterios que puedan afectar negativamente a su industria de defensa. El país defiende la necesidad de preservar el derecho legítimo a la autodefensa y a la producción y exportación de armamentos conforme a lo previsto en la Carta de las Naciones Unidas. A nivel interno, Brasil enfrenta desafíos relacionados con la transparencia de las exportaciones y el control sobre el destino final de los armamentos vendidos, especialmente considerando denuncias sobre el uso de armas brasileñas en contextos de represión y violencia en países de América Latina.
